El diamante es uno de esos elementos que parecen tener una energía propia. Parece mentira que estas piedras preciosas tengan la misma composición que el grafito, única y exclusivamente carbono, que toma una forma muy distinta al cristalizarse en una disposición cúbica. Lo más curioso de todo lo que tiene que ver con los diamantes es cómo se forman o crean los diamantes en la naturaleza y dónde aparecen. Y es que, su viaje comienza en un lugar más profundo de lo que imaginas.
Cómo se crean los diamantes en la naturaleza y dónde aparecen
Los diamantes se crean bajo la superficie de la tierra, a una profundidad aproximada de entre 120 y 200 kilómetros en línea recta. El proceso es complejo y muy llamativo, y todavía se sigue estudiando para comprender cómo actúan las moléculas de carbono. Al parecer, las rocas que existen en la superficie de la tierra, formadas por carbono, son presionadas hacia las profundidades como consecuencia de los cambios de temperatura.
En un momento del viaje, las rocas se derriten, liberando moléculas de carbono que posteriormente toman una nueva forma de roca cuando la temperatura disminuye. Si las condiciones de presión son las adecuadas, estos átomos de carbono se enlazan de una forma concreta, formando la estructura de lo que será un diamante. Que aparezca un diamante en las profundidades terrestres es fruto de la más pura casualidad, y, una vez que se ha formado, tendrán que pasar miles de años para que aparezca en algún punto cercano a la superficie.

Cómo llega un diamante a la superficie
Casi tan complicado como que se generen diamantes, es que hagan su aparición en la superficie terrestre. Para que esto ocurra, tiene que darse una erupción volcánica a gran profundidad, tanta como el lugar donde se forman las piedras preciosas. La fuente de magma tendría que encontrarse a 150 kilómetros o más de profundidad, cosa que también es una rareza, puesto que la mayor parte de los volcanes cuentan con una fuente de magma a mita de profundidad. En la erupción, el magma transporta las rocas portadoras de diamantes a través de la chimenea y se distribuyen en una amplia superficie terrestre.
Otra posibilidad, igualmente extraña, es que los diamantes hallados no se tengan su origen en la Tierra. Algunos se han formado en el espacio y se depositan en la Tierra mediante el impacto de un asteroide. No hay evidencias científicas de cuál es este proceso de creación, pero sí se sabe que algunos pudieron crearse hace aproximadamente tres mil millones de años.
Sin duda alguna, los diamantes son elementos especiales desde el mismo momento de su creación. Además, solo unos pocos de los que se crean cuentan con la calidad suficiente como para formar parte de una pieza de joyería. El porcentaje de diamantes que llegan a adquirir la forma final que todos conocemos, es realmente pequeño, de ahí que su valor sea tan elevado y que cada joya hecha con un diamante sea realmente única.
Kimberlita y lamproíta: las rocas que traen los diamantes
Los diamantes no se forman en las rocas en las que finalmente se encuentran. Las rocas que los contienen actúan como un medio de transporte que los arrastra desde el manto terrestre hasta zonas más cercanas a la superficie. Las dos más conocidas son la kimberlita y la lamproíta, rocas volcánicas poco frecuentes que se originan a gran profundidad.
La kimberlita debe su nombre a Kimberley, en Sudáfrica, donde a finales del siglo XIX se descubrieron algunos de los yacimientos más importantes de la historia. Allí, estas rocas aparecen en estructuras con forma de zanahoria llamadas chimeneas, que se estrechan a medida que descienden. La lamproíta, por su parte, es la roca que albergaba la mina de Argyle, en Australia, conocida durante décadas por sus diamantes rosados.
No todas las kimberlitas contienen diamantes y, entre las que sí los tienen, solo una parte presenta concentraciones suficientes para que su explotación resulte viable. Por eso los geólogos buscan los llamados minerales indicadores, como determinados granates, cromitas o ilmenitas, que acompañan a los diamantes en el manto y ayudan a localizar las rocas con más posibilidades. Lo que se extrae de ellas es el diamante en bruto, que todavía tiene por delante un largo recorrido hasta convertirse en joya.
Yacimientos primarios y yacimientos secundarios
Cuando los diamantes se extraen directamente de la roca que los transportó, se habla de yacimientos primarios. Su explotación suele requerir minas a cielo abierto o subterráneas de gran envergadura, ya que es necesario procesar enormes cantidades de roca para recuperar una cantidad muy pequeña de piedras.
Con el paso de millones de años, la erosión desgasta las chimeneas de kimberlita y libera los diamantes que contenían. Gracias a su dureza y a su resistencia química, los diamantes sobreviven a ese proceso y son arrastrados por ríos y corrientes, acumulándose en lechos fluviales, terrazas o incluso en zonas costeras. Son los yacimientos secundarios o aluviales.
Un ejemplo conocido es la costa de Namibia, donde se recuperan diamantes tanto en tierra como en el fondo marino. Curiosamente, los yacimientos aluviales suelen ofrecer una proporción elevada de piedras de calidad gema, porque las más fracturadas o defectuosas tienden a romperse durante el largo transporte.
Lo que cuentan las inclusiones sobre el origen de un diamante
Las pequeñas inclusiones que presentan muchos diamantes suelen verse como un defecto que reduce su pureza. Para la ciencia, en cambio, son una fuente de información de enorme valor. Algunas de ellas son minerales que quedaron atrapados mientras el diamante crecía y que se han conservado intactos dentro de la piedra.
El estudio de estas inclusiones permite conocer las condiciones de presión y temperatura en las que se formó el diamante y, en algunos casos, estimar su edad. Muchos diamantes naturales tienen entre 1.000 y 3.500 millones de años, lo que los convierte en algunos de los materiales más antiguos que pueden llegar a nuestras manos. Unos pocos, conocidos como diamantes superprofundos, se formaron a profundidades muy superiores a las habituales y contienen minerales que no existen en la superficie terrestre.
Los patrones internos de crecimiento también son útiles en gemología. La forma en que ha crecido un diamante deja huellas que ayudan a los especialistas a distinguir una piedra natural de una creada en laboratorio, una cuestión que analizamos al explicar cómo se fabrican los diamantes sintéticos.
Por qué existen diamantes de distintos colores
El carbono puro cristalizado da lugar a un diamante incoloro, pero durante su formación es frecuente que pequeñas cantidades de otros elementos se incorporen a la estructura del cristal. El más habitual es el nitrógeno, presente en la gran mayoría de los diamantes naturales y responsable de los tonos amarillentos.
El boro, en cambio, produce los poco frecuentes diamantes azules, mientras que los tonos rosados y rojizos se relacionan con deformaciones en la estructura cristalina provocadas por las presiones que sufre la piedra. La exposición natural a la radiación durante largos periodos puede dar lugar, por su parte, a tonalidades verdosas.
Por eso el color de un diamante es, en cierto modo, un registro de su historia geológica. En los diamantes blancos, cuanto menor es la presencia de tonos amarillos, más apreciada resulta la piedra; en los diamantes de colores intensos sucede lo contrario, y la rareza del tono puede multiplicar su valor.
Del yacimiento a la joya: el recorrido de un diamante
Una vez extraído, el diamante en bruto pasa por un proceso de clasificación en el que se separan las piedras aptas para joyería de las destinadas a usos industriales. Se valoran su tamaño, forma, color y pureza, y la decisión que se toma con cada piedra condiciona todo lo que ocurre después.
El tallado es la siguiente fase y una de las más delicadas. El tallador estudia la piedra para aprovechar al máximo su peso sin renunciar a la belleza del resultado, y en ese proceso es habitual que se pierda una parte importante del material original. De ahí la importancia de conocer los quilates de un diamante una vez tallado, ya que el peso final es uno de los factores que más influyen en su precio.
Desde 2003, el comercio internacional de diamantes en bruto está regulado por el Proceso de Kimberley, un sistema de certificación creado para impedir que lleguen al mercado diamantes procedentes de zonas en conflicto. A esto se suman los certificados gemológicos, que describen las características de cada piedra tallada y aportan información fiable a quien la compra o la vende.
En Pawn Shop contamos con especialistas en la compraventa de diamantes que analizan cada piedra de forma individual y explican sus características, para que quien compra o vende un diamante sepa exactamente qué tiene entre manos.
Como se forman lo diamantes, ¡apasionante!
Ya sabes cómo se forman los diamantes en la naturaleza y dónde aparecen. Si quieres hacerte con una de estas especiales gemas, entra en nuestra sección de compra y venta de diamantes, la más importante de España.